martes, 28 de julio de 2015

Concordia


No me gustaba mucho mi cumpleaños; siempre era lo mismo y no es que no me gustara festejarlo si no que siempre era al principio del ciclo, primero tenía que hacer amigos y para hacer que le den importancia y que te lo festejen es aún más difícil y para eso tardaba más tiempo, por eso no le daba mucha importancia y sólo lo festejaba con las personas que lo recordaban, hasta hubieron años en los que mi mamá lo olvida –es que a veces estaba muy estresada y muy cansada-- esa mañana llego a mi casa Marimar, era una vecina que no tenía mucho que se acababa de cambiar a mi calle, pero como le había dejado de hablar a unos amigos y a otra vecina que era mi mejor amiga, pues Marimar era su nuevo reemplazo, tocó mi puerta como a las 8:00 y yo seguía dormido, le abrí con los ojos aun cerrados y lo primero que le pregunte fue:
-¿Qué haces aquí? ¿Qué no sabes que necesito dormir?
Ella me sonrió y me dijo que ya sabía, pero que quería ser la primera en felicitarme porque pensó que mi mamá lo olvidaría, me abrazo y me dio una tarjeta que decía que no me llevaba un pastel, pero tal vez después, le agradecí porque  deberás aprecie el gesto.
Esa tarde fue diferente, unos días antes le había contado a Jocelyn que iba a ser mi cumpleaños y también le conté porque no me gustaba cumplir en esa fecha, ella me dijo que no importaba, que ella me lo iba a festejar, al llegar a la escuela era un lunes tenía la clase de inglés y Jocelyn no llego, pensé que se le había olvidado, seguí con el día y le conté a Julio que era mi cumpleaños y el me miro como preguntándose si darme un abrazo –siempre fue muy distante-- le di las gracias por la su felicitación y fui a mi siguiente clase, le dije a Marco y a los demás que en ese entonces solo eran unos conocidos y ellos igual me felicitaron pero solo fue por educación, al final del día fui a mi última clase y en el camino me encontré con un amigo que se llamaba Heriberto, nunca le pregunte la razón de su nombre, ni su significado, porque pensé que él se ofendería –aunque siempre quise hacerlo-- él era muy relajado y nunca lo vi enojado, empezamos a platicar de lo que habíamos hecho en vacaciones y esas cosas, entonces llego mi maestro que era algo afeminado bueno más bien era muy descarad@ como me quede platicando con Heriberto en la puerta, mi maestro se enojó y me dijo:
-Héctor ¿puedes cerrar la puerta por fuera?
Yo no entendí lo que me quiso decir y sencillamente le pregunte:
-¿y cómo entro?

Él me dijo que de eso se trataba, estaba muy enojado, no llevaba ni dos semanas que habían empezado las clases y ya me habían sacado de una clase, mis nuevos amigos no le dieron importancia a mi cumpleaños y para terminar Jocelyn no me había felicitado, ni la había visto, me fui a acompañar a Heriberto a ver si él tenía clase y pase por donde se juntaba Jocelyn con sus amigos y ahí estaba, cuando me vio le iba a reclamar que porque decía algo y no lo cumplía, antes de empezar a reclamarle, ella se me lanzó, empezó a abrazarme y darme muchos besos, yo no sabía cómo reaccionar, es como las cosas que anhelas y cuando pasan no sabes si en realidad están pasando, en un reflejo gire mi cara y como ella me estaba llenando de besos mis mejillas me dio un beso en la boca, ella reacciono y me dijo no te voltees y siguió dándome besos, después ella se separó y me dio una tarjeta donde decía que felicidades y que me la pasara muy bien y todo lo que deseas en ese día, yo lo que quería era estar con ella, no se lo dije, solo le dije que ya me tenía que ir y ella se despidió de mí, diciendo muchos días de estos, yo sonreí, le dije que si con la cabeza pensando en la armonía y la felicidad que me dio con ese beso.  

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