martes, 6 de octubre de 2015

Lugar y momento equivocados.

11. Oct. 2008
¿Qué podía hacer para ayudar a Berenice? Nada, no me preocupaba eso, de hecho nunca me lo pregunte, porque ni siquiera me importaba, yo estaba seguro de poder ayudarla, sí la ayude, no como me hubiera gustado, yo pensaba que podía lidiar con todos sus miedos, pero ¿Cómo? si apenas tenía tiempo para resolver mis problemas, yo quería asegurarme de que ella estuviera bien y de estar siempre para ella, que se sintiera segura, confiada pero sobre todo querida, la verdad así me hubiera gustado sentirme, llego un día en el que no pude estar para ella, mejor dicho no quise, no hubiera sido tan grave si ella no se hubiera acostumbrado a mi compañía, lo peor de todo es que no fue porque tuviera algo importante o algo mejor que hacer, más bien fue que no quería resolverle la vida siempre, aparte ya estaba harto de que me corriera cuando no quería verme, de que era muy inestable y voluble, de que nunca me demostrara su cariño, ya sé que ella estaba dañada y era egoísta pensar en mí, pero también era muy estúpido pensar sólo en ella y su bienestar y sí, la deje sola otra vez sabiendo lo que ella hacia cuando se sentía mal, sin importarme las consecuencias, quería que se diera cuenta de que su actitud me estaba cansando y si la había aguantado era por... Bueno no sé ni porqué la había aguantado tanto tiempo, paso en un sábado en el que creo que estaba con Marimar viendo películas, no recuerdo lo que estaba haciendo, cuando llegue a mi casa mi hermana me dijo que Berenice quería hablar conmigo, no dijo para qué, supuse que era algo sin importancia, aparte ya era tarde y no quise llamarle y menos ir a verla, si era importante ella me llamaría otra vez, sin saber que esa sería la gota que derramaría el vaso, sí, suena a mucho drama, pero eso fue lo que paso, fui a verla una semana después como si no hubiera pasado nada pero no tuve una bienvenida ni nada parecido, imagine que sería diferente: 
-oye ¿para que me hablaste el sábado?
-no era nada, vete por favor
-pero... ¿estás bien?- como si preguntándole eso fuera a ponerla feliz.
-sí, y no gracias a ti ahora vete

Como no quería darle importancia  me fui, nunca supe que me quería decir ese día, debió ser algo importante porque ella nunca me ha buscado para nada, al principio la curiosidad no me dejaba pero con el tiempo le fui restando importancia; pasaron los días y ella no me hablaba ni nada, otra vez fui como tonto a verla y ella ya estaba mejor, ya se veía más tranquila, o tal vez estaba disimulando. También estaba más cortante y a la defensiva, me respondía por compromiso para que me fuera más rápido en irme. Al entrar a la escuela deje de verla, porque pensé que estaba enojada conmigo y  lo estaba, pero no sé porque, yo nunca le hice nada malo.
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Paso mucho tiempo para que volviera a visitar a Daniel el amigo que vivía por su casa y para acabarla de fregar me encontré con ella, como la otra vez, entró a su privada, yo me quede afuera y me dijo desde adentro de la reja:
-no puedo recibirte, es que voy a comer, si quieres  ven más tarde
-no importa, no vine a verte –eso es lo que debí haber dicho la primera vez—


Se enojó como de costumbre... no importa, si lo hubiera dicho antes, me hubiera evitado muchos desvelos, problemas preocupaciones y dolores que fueron en vano y sentí que esa vez no me había equivocado ni de lugar, ni de momento.

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